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terça-feira, 13 de outubro de 2026

REPOSTAGENS DE ENSINAMENTOS DE HOMENS SÁBIOS , DE RELIGIOSIDADE PURA, HONESTA E VERDADEIRA.

SERVOS FIÉIS SEGUIDORES DO VERDADEIRO MESSIAS, QUE PASSARAM E PASSAM SUAS VIDAS, SERVINDO A DEUS, AO POVO DE DEUS, E NÃO A SEUS PRÓPRIOS INTERESSES, OU AOS INTERESSES DE UMA CASTA, DITA PRIVILEGIADA E A UMA SOCIEDADE E FALSA RELIGIOSIDADE QUE SE DOBRAM, SE AJOELHAM AO ANTIGO E AINDA TÃO ATUAL deus Mamoon...

 Dejar la nostalgia y el pesimismo y dar lugar a nuestra sed de encuentro. (Te Deum 25/5/1999)

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.


El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!". "¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".

Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?" Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?".


En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!". Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


Del Evangelio de san Lucas (Cap.24, vers.13-35)

I

Una nueva celebración del incipiente comienzo de la conciencia patriótica, aquel Mayo de los argentinos, nos congrega para dar gracias por los dones de Dios Padre, ones por los que nuestros padres supieron - dura y trabajosamente - vivir, luchar y morir. Dar gracias lejos de la nostalgia estéril o del recuerdo formal desaprensivo, y dejar que este mismo Dios Padre nos sacuda en este fin del milenio y nos invite a buscar un nuevo horizonte. Dar gracias porque todavía resuena en esta Catedral ( también ‘solar de mayo’ ) aquella invitación del Santo Padre en su visita a nuestra Patria : "¡Argentina, Levántate!", a la que todo habitante de este suelo está invitado, más allá de su origen, y con la sola condición de tener buena voluntad para buscar el bien de este pueblo. Aquel ¡Argentina, Levántate!", invitación que hoy queremos volver a escuchar, constituía un diagnóstico y una esperanza. Levantarse es signo de resurrección, es llamado a revitalizar la urdimbre de nuestra sociedad. La Iglesia en la Argentina sabe que éste es un pedido de nueva evangelización de su propia vida interna pero - que a la vez - se extiende a toda la sociedad.


En el pasaje del Evangelio que acabamos de oír hay una pedagogía del Señor que nos puede dar luz para que seamos fieles a nuestra misión de padres, gobernantes, pastores... para que seamos fieles a nuestro ‘ser pueblo’. Una pedagogía de la cercanía y del acompañamiento. El relato se refiere a los dos discípulos de Emaús y nos muestra su caminar que, más que andar, era huida. Efectivamente escapan de la alegría de la Resurrección, mascullan sus amarguras y desilusiones, y no pueden ver la nueva Vida que el Señor ha venido a ofrecerles. Acudiendo a la frase papal mencionada podríamos decir que no se habían levantado de su adormecimiento interior y - por tanto - estaban incapacitados de ver ese Don de vida que marchaba a su lado y que esperaba ser hallado. 


Los argentinos marchamos por nuestra historia acompañados por el don creado de las riquezas de nuestras tierras y por el Espíritu de Cristo reflejado en la mística y el esfuerzo de tantos que vivieron y trabajaron en este Hogar, en el testimonio silente de los que dan de su talento, su ética, su creatividad, su vida. ¡ Este pueblo comprende hondamente lo que significa el amor a su tierra y la memoria de sus convicciones más profundas ! En su religiosidad más íntima, en la siempre espontánea solidaridad, en sus luchas e iniciativas sociales, en su creatividad y capacidad de goce festivo y artístico, se refleja el Don de Vida del Resucitado. Porque somos un pueblo capaz de sentir nuestra identidad más allá de las circunstancias y adversidades, somos un pueblo capaz de reconocernos en nuestros diversos rostros. Tanto talento no siempre se ha visto acompañado por proyectos con continuidad en el tiempo, ni logró convocar siempre la conciencia colectiva. Y, por ello, como los discípulos huidizos, podemos encontrarnos acaparados por cierta amargura en nuestra marcha, fatigados por problemas que no dejan vislumbrar la urgencia de un futuro que nunca parece llegar.

II

La fatiga y la desilusión no permiten ver el peligro principal. El actual proceso de globalización parece desnudar agresivamente nuestras antinomias : un avance del poder económico y el lenguaje que lo asiste, que - en un interés y uso desmedido - ha acaparado grandes ámbitos de la vida nacional; mientras - como contrapartida - la mayoría de nuestros hombres y mujeres ve el peligro de perder en la práctica su autoestima, su sentido más profundo, su humanidad y sus posibilidades de acceder a una vida más digna. Juan Pablo II, en su Exhortación Apostólica ‘Ecclesia in America’ se refiere al aspecto negativo de esta globalización diciendo : "...si la globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva consecuencias negativas : ...la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de ciertos servicios públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de la diferencia entre ricos y pobres y la competencia injusta que coloca a las naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada..." (nº 20). Junto a estos problemas planteados ya en el plano internacional nos encontramos también con una cierta incapacidad de encarar problemas reales. Entonces, a la fatiga y la desilusión parecería que sólo se pueden contraponer tibias propuestas reivindicativas o eticismos que únicamente enuncian principios y acentúan la primacía de lo formal sobre lo real. O, peor aún, una creciente desconfianza y pérdida de interés por todo compromiso con lo propio común que termina en el ‘sólo querer vivir el momento’ en la perentoriedad del consumismo. No nos podemos permitir ser ingenuos : la sombra de una nube de desmembramiento social se asoma en el horizonte mientras diversos intereses juegan su partida, ajenos a las necesidades de todos. El vacío y la anomia pueden despuntar como oscuras consecuencias de un abandono de nosotros mismos y atentan contra nuestra continuidad. ¿Quedaremos los argentinos, como los discípulos de Emaús, presos del amargo asombro, de la murmuración quejumbrosa? ¿O seremos capaces de dejarnos sacudir por el llamado del Resucitado a los discípulos desolados, y reaccionar, hacer memoria de la palabra profética, memoria de aquellos momentos  salvíficos, constructivos de nuestra historia?

III

Como en la Pasión de Cristo nuestra historia está llena de encrucijadas, de tensiones y conflictos. Sin embargo, este pueblo de fe supo cargar al hombro su destino cada vez que en la solidaridad y el trabajo forjó una amistad política de convivencia racial y social que marca nuestro estilo de vida. Los argentinos supimos ‘ser parte’, sentirnos ‘parte de’, supimos acercarnos y acompañarnos. Desde su capacidad de creatividad individual y colectiva y desde su ímpetu de espontánea organización popular, nuestro pueblo ha conocido momentos fundantes de cambios civiles, políticos y sociales; logros culturales y científicos que nos sacaron del aislamiento y demostraron nuestros valores. Momentos que, en definitiva, nos dieron un sentido de identidad más allá de nuestra compleja composición étnica e histórica. Momentos en los que privó una conciencia de trabajo fraterno, a veces poco elaborado, pero siempre sentido y vivido hasta el heroísmo. Por eso el llamado es a dejar el estéril historicismo manipulado por intereses o ideologismos o por meros criticismos destructivos. La historia apuesta a la verdad superior, a rememorar lo que nos une y construye, a los logros más que a los fracasos. Y mirando al dolor y al fracaso, que nuestra memoria sea para apostar a la paz y al derecho... y si miramos a los odios y violencias fratricidas, que nuestra memoria nos oriente a que predomine el interés común. Los últimos años, tardía y cruelmente, nos han sacudido y la silenciosa voz de tantos muertos clama desde el cielo pidiendo no repetir los errores. Sólo eso dará sentido a sus trágicos destinos. Como a los discípulos caminantes y temerosos hoy se nos pide caer en la cuenta de que tanta cruz cargada no puede ser en vano.


El llamado a la memoria histórica también nos pide profundizar nuestros logros más profundos, aquellos que no aparecen en la mirada rápida y superficial. No otro fue el esfuerzo de estos últimos tiempos por afirmar el sistema democrático superando las divisiones políticas, que parecían un hiato social casi insalvable : hoy se busca respetar las reglas y se acepta el diálogo como vía de convivencia cívica. Dejar la nostalgia y el pesimismo y, como los discípulos de Emaús, dar lugar a nuestra sed de encuentro : "Quédate con nosotros porque ya es tarde y el día se acaba". El Evangelio nos marca el rumbo : sentarnos a la mesa y dejarnos convocar por el gesto profundo de Cristo. 
El pan bendecido se debe compartir. El mismo que es fruto del sacrificio y del trabajo, que es imagen de la vida eterna, pero que debe realizarse ya.

IV

En efecto, hermanos, no es una mera invitación a compartir, no es sólo reconciliar  opuestos  adversidades : sentarse a partir el pan del Resucitado es animarse a vivir de otra manera. Nos desafía ese pan hecho con lo mejor que podemos aportar, con la levadura que ya fue puesta en tantos momentos de dolor, de trabajo y de logros. El llamado evangélico de hoy nos pide refundar el vínculo social y político entre los argentinos. La sociedad política solamente perdura si se plantea como una vocación a satisfacer las necesidades humanas en común. Es el lugar del ciudadano. Ser ciudadano es sentirse citado, convocado a un bien, a una finalidad con sentido... y acudir a la cita. Si apostamos a una Argentina donde no estén todos sentados en la mesa, donde solamente unos pocos se benefician y el tejido social se destruye, donde las brechas se agrandan siendo que el sacrificio es de todos, entonces terminaremos siendo una sociedad camino al enfrentamiento.


Desde lo profundo de nuestra conciencia de pueblo solidario, este llamado a compartir el pan tiene su honda efervescencia. En la retaguardia de la superficialidad y del coyunturalismo inmediatista (flores que no dan fruto) existe un pueblo con memoria colectiva que no renuncia a caminar con la nobleza que lo caracteriza : los esfuerzos y emprendimientos comunitarios, el crecimiento de las iniciativas vecinales, el auge de tantos movimientos de ayuda mutua, están marcando la presencia de un signo de Dios en un torbellino de participación sin particularismos pocas veces visto en nuestro país. 
En la retaguardia hay un pueblo solidario, un pueblo dispuesto a levantarse una y otra vez. Un pueblo que no sólo acude a la necesidad de supervivencia, no sólo ignora las burocracias ineficientes, sino que quiere refundar el vínculo social; un pueblo que está llevando, casi sin saberlo, la virtud de ser socios en la búsqueda del bien común. Un pueblo que quiere conjurar la pobreza del vacío y la desesperanza. Un pueblo con memoria, memoria que no puede reducirse a un mero registro. Aquí está la grandeza de nuestro pueblo. Advierto en nuestro pueblo argentino una fuerte conciencia de su dignidad. Es una conciencia que se ha ido moldeando en hitos significativos. Nuestro pueblo tiene alma, y porque podemos hablar del alma de un pueblo, podemos hablar de una hermenéutica, de una manera de ver la realidad, de una conciencia. Hoy, en medio de los conflictos, este pueblo nos enseña que no hay que hacerle caso a aquellos que pretenden destilar la realidad en ideas, que no nos sirven los intelectuales sin talento, ni los eticistas sin bondad, sino que hay que apelar a lo hondo de nuestra dignidad como pueblo, apelar a nuestra sabiduría, apelar a nuestras reservas culturales. Es una verdadera revolución, no contra un sistema, sino interior; una
revolución de memoria y ternura : memoria de las grandes gestas fundantes, heroicas... y memoria de los gestos sencillos que hemos mamado en familia. Ser fieles a nuestra misión es cuidar este ‘rescoldo’ del corazón, cuidarlo de las cenizas tramposas del olvido o de la presunción de creer que nuestra Patria y nuestra familia no tienen historia o la han comenzado con nosotros. Rescoldo de memoria que condensa, como la brasa al fuego, los valores que nos hacen grandes : el modo de celebrar y defender la vida, de aceptar la muerte, de cuidar la fragilidad de nuestros hermanos más pobres, de abrir las manos solidariamente ante el dolor y la pobreza, de hacer fiesta y de rezar; la ilusión de trabajar juntos y - de nuestras comunes pobrezas - amasar solidaridad.


Para que esta fuerza que todos llevamos dentro y que es vínculo y vida se manifieste, es necesario que todos, y especialmente quienes tenemos una alta cuota de poder político, económico o cualquier tipo de influencia, renunciemos a aquellos intereses o abusos de los mismos que pretendan ir más allá del común bien que nos reúne ; es necesario que asumamos, con talante austero y con grandeza, la misión que se nos impone. 


Nuestro pueblo, que sabe organizarse espontánea y naturalmente en la comunidad nacional protagonista de este nuevo vínculo social, pide un lugar de consulta, control y creativa participación en todos los ámbitos de la vida social que le incumben. Los dirigentes debemos acompañar esta vitalidad del nuevo vínculo. Potenciarlo y protegerlo puede llegar a ser nuestra principal misión. No resignemos nuestras ideas, utopías, propiedades ni derechos, sino renunciemos solamente a la pretensión de que sean únicos o absolutos. Todos estamos convidados a este encuentro, a realizar y compartir este fermento nuevo que - a la vez - es memoria revivificante de nuestra mejor historia de sacrificio solidario, de lucha libertaria y de integración social. 

V

Aquel Mayo histórico, lleno de vaivenes e intereses en juego, supo congregar a todo el pueblo virreinal a una decisión común, iniciadora de otra historia. Quizás necesitemos sentir que la Patria de todos es un nuevo Cabildo, una gran mesa de comunión donde, no ya la nostalgia desolada, sino el reconocimiento esperanzador, nos impulse a proclamar como los discípulos de Emaús : "¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" Que arda nuestro corazón en deseos de vivir y crecer en este hogar propio sea la petición que acompañe esta acción de gracias al Padre y el compromiso de cumplir con su Palabra; convenciéndonos una vez más que el todo es superior a la parte, el tiempo superior al espacio, la realidad es superior a la idea y la unidad es superior al conflicto.

Jorge Mario Bergoglio, s.j.


25 de mayo de 1999

 https://www.arzbaires.org.ar/inicio/homilias/bergoglio/1999.pdf

Ensinamentos de Dom Orlando: Pátria sem armas, mentiras, fake news e corrupção

12 DE OUTUBRO DE 2021 

Neste 12 de outubro, durante a Missa Solene, o Arcebispo de Aparecida, Dom Orlando Brandes, proferiu a todo o povo brasileiro diversos ensinamentos.

Ele relacionou as leituras do dia com a realidade e a conjuntura atual do país. “A Rainha do Brasil faz o pedido a Jesus: Vida para o povo brasileiro, povo católico, povo batizado, que merece ter vida humana, vida cristã e chegar a pátria definitiva”.

Leia MaisVídeo mostra em detalhes Nicho de Nossa Senhora AparecidaPapa Francisco: "Nossa Senhora Aparecida, Mãe da Esperança"Dia 12 de outubro: Momentos da manhã no Santuário Nacional

O Arcebispo relembrou Paulo VI, ao enviar a primeira rosa de ouro ao Santuário, e o afeto que teve para com todo o povo do Brasil. Citou também São João Paulo II e o seu encontro singular com toda a nação, e também Bento XVI, que em Aparecida disse ao povo brasileiro para permanecer na Escola de Maria e, por fim, o Papa Francisco, que por aqui, ao saudar autoridades e o povo brasileiro disse:

“Meus braços se alargam para abraçar a inteira nação brasileira e eu quero pedir que cada um de nós abrace o Brasil, abrace o povo”.

Gustavo Cabral/ A12Gustavo Cabral/ A12

E a o falar de povo, Dom Orlando não esqueceu da mistura de raças que formam o povo brasileiro, pois citou índios, negros, europeus etc. Ele disse que temos de lembrar de todas elas e abraçar. Além disso, ressaltou que deve-se abraçar também as 600 mil famílias enlutadas pela Covid-19, todas as crianças pelo seu dia, pobres e autoridades, para juntos poder construir um pátria amada: 

“Para ser pátria amada não pode ser Pátria armada, para que seja uma Pátria sem ódio, sem mentira e fake news, sem corrupção”.

Dentro deste contexto observa-se que Dom Orlando incentiva e ensina uma pátria fundamentada e aliada com a essência da Fratelli Tutti: 

“Pátria amada em confraternidade com a Fratelli Tutti. Todos irmãos construindo a grande família brasileira”.

 https://www.a12.com/redacaoa12/santuarionacional/ensinamentos-de-dom-orlando-patria-sem-armas-mentiras-fake-news-e-corrupcao

 https://youtu.be/0k9U1CHAU60?si=_qqF9kPoKfFh3OXG 

No ano 169, Teófilo foi o sexto Bispo de Antioquia, depois do apóstolo Pedro e Teófilo. De origem pagã, converteu-se ao cristianismo observando seus costumes e lendo a Bíblia. Foi autor de muitas obras contra as heresias da época, em defesa da doutrina da fé e com comentários sobre as Escrituras.  

BEM AVENTURADA ALEXANDRINA MARIA  

Bem-aventurada Alexandrina Maria da Costa nasceu no dia 30 de março de 1904, em Balazar, Portugal. Em 1918, um acidente a deixou tetraplégica, tendo vivido por mais de 30 anos na cama. Por mais de 13 anos alimentou-se unicamente da Eucaristia.

Em 1934, o padre que a orientava espiritualmente passou a escrever um diário sobre as revelações que a beata Alexandrina recebia em seus momentos de oração.

Morreu em 13 de outubro de 1955, dizendo: Sou feliz porque vou para o céu. Foi proclamada Bem-aventurada pelo Papa João Paulo II, em 2004.

– No mesmo dia celebramos: São Daniel e companheiros, São Eduardo

Oração

Ó Jesus, que Vos alegrais com os corações simples e humildes, tantas vezes esquecidos e desprezados, exaltai, com a graça da canonização, a Beata Alexandrina, que sempre desejou viver escondida do mundo e alheia às suas grandezas. Escutai as súplicas que, por seu intermédio, Vos dirigimos. Concedei-nos particularmente a graça que desejamos, se for para Vossa honra, glorificação do Imaculado Coração de Maria e salvação dos pecadores, pelas quais tão generosamente se imolou esta Vossa tão dedicada filha.

Beata Alexandrina, rogai por nós. 

https://arquidiocesebh.org.br/para-sua-fe/o-santo-do-dia/beata-alexandrina-maria-da-costa/

 Salmo responsorial   

Sl 95(96),1.2a.3.4-5.7-8.9-10a.c (R. 7ab)

 
R. Ó família das nações, dai ao Senhor poder e glória!

1
Cantai ao Senhor Deus um canto novo, *
2a
cantai ao Senhor Deus, ó terra inteira!
3
manifestai a sua glória entre as nações, *
e entre os povos do universo seus prodígios! R.

4
Pois Deus é grande e muito digno de louvor,*
é mais terrível e maior que os outros deuses,
5
porque um nada são os deuses dos pagãos. *
Foi o Senhor e nosso Deus quem fez os céus. R.

7
Ó família das nações, dai ao Senhor, *
ó nações, dai ao Senhor poder e glória,
8
dai-lhe a glória que é devida ao seu nome! *
Oferecei um sacrifício nos seus átrios. R.

9
Adorai-o no esplendor da santidade, *
terra inteira, estremecei diante dele!
10a
Publicai entre as nações: "Reina o Senhor!" *
  c
pois os povos ele julga com justiça. R.
 

Luzes da Palavra: aprofunde-se na Palavra de Deus com as leituras comentadas da Missa dominical! Toda quinta-feira, Dom José Otacio, nosso bispo auxiliar, compartilha reflexões que nos ajudam a compreender e viver mais plenamente os ensinamentos do Senhor. 

 Leituras: Is 45,1.4-6 Sl 95(96),1.2a.3.4-5.7-8.9-10a.c (R. 7ab) 1Ts 1,1-5b Mt 22,15-21 Acompanhe conosco e deixe as inspirações da Palavra de Cristo iluminarem seu caminho!

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