MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
CON OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN 2026
(16 de octubre de 2026)
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A Su Excelencia
el señor Qu Dongyu
Director General de la FAO
Excelencia:
1. La Jornada Mundial de la Alimentación de este año se celebra bajo el lema “Innovar hoy para nutrir mañana”. Cuando el ser humano contribuye a que la tierra dé sus frutos, no está llevando a cabo una mera transacción técnica, sino que está cumpliendo con el mandato de cuidarla y cultivarla (cf. Gn 2,15), que precede a toda arquitectura jurídica y a todo avance técnico. Sin embargo, en la situación actual nos enfrentamos a una paradoja: el progreso global, que avanza cada vez más rápido, va acompañado de la persistencia del hambre y la pobreza. Este no es un problema técnico ni económico, sino una profunda crisis antropológica y ética.
2. Hoy en día se habla de innovación con gran soltura. Por otro lado, con frecuencia, se reduce a los artefactos, los algoritmos o la optimización del rendimiento por la mera rentabilidad del capital. Es preciso purificar el concepto. Innovar no consiste en reemplazar lo creado, sino en penetrar con reverencia en las complejas leyes que salvaguardan la obra salida de las manos del Creador. Toda técnica auténtica aplicada al campo es una expresión del papel del ser humano como colaborador de Dios en la obra de la creación. No obstante, cuando la tecnología moderna aplicada a la agricultura despoja al suelo de su fertilidad natural o expulsa al campesino de su tierra para sustituirlo por el frío cálculo financiero, no se trata de progreso, sino de una sofisticada forma de devastación. El uso irresponsable de la tecnología, que no sirve al bien común, sino a intereses egoístas exclusivamente, viola el principio de solidaridad y también ignora el mandato del ser humano de preservar la creación. La innovación que el mundo necesita no se mide únicamente por la cantidad de grano obtenida, sino por la promoción de la dignidad humana otorgada por Dios y por la integridad del ecosistema que el ser humano está llamado a preservar.
3. El hambre no puede considerarse una anomalía estadística, pues se debe en gran parte a una falta de voluntad política y de caridad colectiva. La escasez de alimentos no es tampoco algo geográficamente inevitable. De hecho, es intolerable que, en una época caracterizada por un progreso técnico sin precedentes, el pan siga siendo un privilegio y el agua una mercancía disputada. El acceso regular a una alimentación inocua, adecuada, suficiente y acorde con la dignidad de cada persona es un derecho humano fundamental. Garantizar este derecho es una obligación de justicia que compromete a los Estados y a la comunidad internacional. Y sin embargo, mientras se innova para acelerar la producción, se desatiende la distribución. Se perfeccionan los mercados del grano en las bolsas de valores, mientras la semilla real, la que germina en el surco, cae en manos de monopolios que asfixian a la agricultura de pequeña escala.
4. Garantizar la nutrición del mañana exige liberar los alimentos de las lógicas puramente especulativas. El pan no es un instrumento de presión geopolítica ni un activo financiero volátil. Nunca debe utilizarse como arma de guerra. Impedir que llegue a todos o destruir los medios que lo producen es una terrible ofensa a la dignidad humana. El pan es precioso porque sostiene la vida que Dios nos ha dado. Por eso debemos superar la tentación de pensar a corto plazo. El mito del crecimiento ilimitado a pesar de que los recursos son limitados ha llegado a un punto de ruptura. Innovar hoy exige asumir una responsabilidad intergeneracional que vaya más allá de los presupuestos anuales. Innovar significa reconciliar tecnología con sabiduría, incluida la sabiduría ancestral, sin perder de vista el futuro. No se trata de rechazar el progreso tecnológico, sino de integrarlo con el saber del agricultor, que ha afianzado su conocimiento del suelo y del clima a lo largo de siglos de atenta observación. Innovar también implica proteger el agua como bien común indivisible.
5. Señor Director General: invito a la FAO y a los Estados representados en ella a que no se conformen con diagnósticos abstractos ni con declaraciones de eficacia efímera. Es hora de la audacia moral. Es necesario establecer un nuevo orden alimentario global en el que la innovación tecnológica esté subordinada de manera incondicional al respeto de la dignidad humana otorgada por Dios y al bien común universal. Los recursos invertidos en la industria de la guerra deberían desviarse, por un imperativo ético impostergable, hacia la investigación agrícola sostenible y la regeneración de los suelos degradados. El mañana no es un espacio de tiempo abstracto que nos aguarda pasivamente, sino la cosecha de lo que sembramos hoy con nuestras decisiones. Si sembramos una innovación sin ética, basada en el dominio despótico sobre la tierra y en la exclusión del débil, cosecharemos la aridez y la contienda. Si, por el contrario, la innovación nace del respeto al orden natural y de la justicia hacia los hambrientos, el mañana traerá consigo una mesa colmada que sacie a la humanidad.
6. Con estos sentimientos hacia quienes se dedican a cultivar la tierra y a alimentar a la humanidad, invoco la bendición del Dios todopoderoso y aseguro el apoyo incansable de la Santa Sede a todas las iniciativas que favorezcan a la FAO en sus nobles esfuerzos.
Vaticano, 12 de octubre de 2026
LÉON PP. XIV
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La Santa Sede
El Papa concede indulgencia plenaria por la 100ª Jornada Mundial de las Misiones
Vatican News
León XIV, a través de la Penitenciaría Apostólica, ha concedido la indulgencia plenaria con motivo de la centésima Jornada Mundial de las Misiones, instituida por el Papa Pío XI en 1926 y que se celebra hoy, domingo 18 de octubre, y cuyo tema este año es «Uno en Cristo, unidos en la misión». Los fieles pueden rezar el Rosario junto con el Papa por la difusión del Evangelio en el mundo. En el decreto de la Penitenciaría se especifica que la indulgencia se puede obtener bajo las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Pontífice.
En el Ángelus de hoy, el Papa dijo: «Pensemos en cuánta historia misionera ha habido en estos cien años. Oremos para que la Iglesia sea siempre fiel al mandato del Señor Resucitado: “Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15).
El mensaje del Papa para la Jornada
En su mensaje para la centésima Jornada Mundial de las Misiones, publicado el pasado 25 de enero, León XIV exhorta «a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza». En el centro de la misión, el Papa identifica el «misterio de la unión con Cristo». En las palabras de Jesús que preceden a la Pasión — “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). En estas palabras se revela el deseo más profundo del Señor Jesús y, al mismo tiempo, la identidad de la Iglesia, comunidad de sus discípulos: ser una comunión que nace de la Trinidad y que vive de y en la Trinidad, al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con todas las criaturas”, explica el Pontífice. « Ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión con Cristo, en la que participamos de la relación filial que Él vive con el Padre en el Espíritu Santo», subraya el Papa, y agrega que la responsabilidad principal de la Iglesia en misión consiste en la renovación de la unidad espiritual y fraterna entre sus miembros.
Participar en la misión evangelizadora de la Iglesia
En muchas situaciones asistimos a conflictos, polarizaciones, incomprensiones, desconfianza mutua, observa además León, señalando que «cuando esto ocurre también» en las comunidades eclesiales, «se debilita su testimonio». Y, en cambio, «la misión evangelizadora, que Cristo confió a sus discípulos, requiere ante todo corazones reconciliados y deseosos de comunión» . «Ningún bautizado» —afirma el Pontífice— «es ajeno o indiferente a la misión: todos, cada uno según su vocación y condición de vida, participan en la gran obra que Cristo confía a su Iglesia». Porque «como ha recordado en varias ocasiones el Papa Francisco, el anuncio del Evangelio es siempre una acción coral, comunitaria, sinodal».
De ahí el llamado de León a que todos se unan a los misioneros y misioneras «a través del testimonio de la vida en Cristo, la oración y la contribución a las misiones» y a « contribuir, cada uno según su vocación y los dones recibidos, a la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor». Por último, al concluir el mensaje, el Papa invoca a Dios para que « todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio».
(Última actualización a las 12:15)
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El Papa: Vivamos libres de malas ambiciones e intereses injustos
Vatican News
Devolver «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» significa «ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para el bien». Fue la afirmación del Papa en el Ángelus de este domingo 18 de octubre, desarrollando su catequesis a partir del Evangelio de Mateo proclamado por la liturgia de hoy.
Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico hacia la plaza de San Pedro, León XIV saludó a los numerosos fieles y peregrinos allí reunidos que le manifestaron su cercanía y afecto y junto a él, rezaron la oración a la Madre de Dios. Se trata la primera actividad pública del Santo Padre después de haber sido dado de alta ayer del hospital Gemelli, donde había sido ingresado el pasado martes para someterse a una cirugía de extirpación de un adenocarcinoma pulmonar.
Jesús desenmascara la hipocresía
El Evangelio de Mateo —recordó el Papa— «nos presenta una de las enseñanzas más famosas de Jesús: “Devuelvan al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”».
Por eso es importante situarla en el contexto en el que fue pronunciada originalmente. El evangelista describe «una situación hostil hacia Jesús»: los fariseos se pusieron de acuerdo para ver cómo Jesús caía en una trampa con alguna de sus afirmaciones y deciden enviar a algunas personas a interrogarlo sobre un tema polémico, si es lícito o no pagar el tributo al César.
Dios no le teme a la historia sino que viene a vivir en ella
“La respuesta del Maestro es astuta —señaló el Pontífice— porque lo mantiene fuera de la trampa y desenmascara la hipocresía de quienes quieren hacerlo caer”. Jesús les pide la moneda del tributo, un denario. Ellos se la dan, y el Señor pregunta: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le responden: «Del César». Entonces afirma: «¡Devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!»
En Jesús contemplamos a un Dios que no teme a la historia, sino que, por el contrario, viene a vivir en ella. Su Reino no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas. Sin embargo, nos pide que vivamos sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos, anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia.
Libres para el bien
En este sentido - evidenció León XIV - llama la atención el elogio que esas mismas personas le dirigen a Jesús, aunque movidas por malas intenciones: «Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas con fidelidad el camino de Dios y no te dejas influir por nadie, porque no te fijas en la apariencia de la gente».
Queridos hermanos, este es precisamente el perfil de quien “devuelve al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”: ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien. Oremos al Señor para que nos ayude a ser así. Y confiémonos a la intercesión de la Virgen María.
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